Las infecciones frecuentes, graves o inusualmente prolongadas pueden tener causas muy distintas. Entre ellas se encuentran enfermedades crónicas, determinados medicamentos, déficits nutricionales, alteraciones anatómicas y defectos inmunitarios primarios o secundarios. Por eso es importante no atribuirlas de forma automática a una «debilidad de las defensas».
El diagnóstico comienza con una anamnesis detallada y la revisión de los informes previos. Según el cuadro clínico, puede incluir hemograma, inmunoglobulinas, respuesta a vacunas, subpoblaciones linfocitarias y pruebas funcionales. Cada resultado se interpreta en su contexto; una desviación aislada no demuestra necesariamente una inmunodeficiencia.
El tratamiento se dirige a la causa identificada. Puede comprender la prevención y el tratamiento de infecciones, la actualización de vacunas, la corrección de déficits comprobados o, en indicaciones concretas, inmunoglobulinas y otras terapias especializadas. Si se sospecha una inmunodeficiencia relevante, coordinamos la atención con los especialistas correspondientes.