El sistema inmunitario no necesita estar «activado» al máximo, sino responder de forma equilibrada. Ningún alimento, aceite esencial o suplemento evita por sí solo las infecciones. Sí existen medidas sencillas que reducen riesgos y favorecen la salud general.
La vitamina D y otros micronutrientes deben suplementarse cuando existe una deficiencia o una indicación concreta. Buscar valores «muy altos» no mejora las defensas y puede causar daños. Los análisis inmunológicos amplios tampoco son pruebas preventivas rutinarias; se solicitan cuando la historia clínica lo justifica.
Descansar, beber según la sed y controlar la evolución suele ser suficiente. La cantidad de líquido debe adaptarse a la fiebre, la edad y las enfermedades cardiacas o renales; beber varios litros de forma forzada también puede ser peligroso. Para el dolor o la fiebre pueden utilizarse medicamentos habituales si no existen contraindicaciones y se respeta la dosis.
Los antibióticos no actúan contra los virus. La homeopatía, la ozonoterapia, las infusiones de vitaminas y los aceites esenciales no han demostrado prevenir ni curar una infección aguda. Algunos productos pueden producir alergias, interacciones o irritación, especialmente en niños y personas con asma.
Dificultad respiratoria, dolor torácico, confusión, deshidratación, coloración azulada, empeoramiento rápido o fiebre persistente requieren valoración médica. También conviene consultar ante infecciones repetidas, graves o inusuales para descartar una causa subyacente.
En la consulta revisamos antecedentes, vacunas, medicación y factores de riesgo antes de proponer pruebas o tratamientos. El objetivo es apoyar una función inmunitaria normal sin crear falsas expectativas.
24 de noviembre de 2021