La terapia neural es un procedimiento complementario en el que se administran pequeñas cantidades de un anestésico local —habitualmente procaína— en puntos seleccionados. El bloqueo temporal de la transmisión nerviosa puede aliviar determinadas molestias dolorosas y facilitar el movimiento durante un periodo limitado.
Las aplicaciones pueden realizarse en la piel, en cicatrices, en puntos dolorosos o en estructuras anatómicas concretas. La elección del punto y de la técnica requiere una exploración médica previa, conocimiento de la anatomía y condiciones higiénicas adecuadas.
El concepto histórico de campo interferente propone que algunas zonas, como cicatrices o focos dentales, pueden contribuir a molestias en otras partes del cuerpo. Esta relación no está demostrada de forma uniforme por la evidencia científica. Por ello, una mejoría después de la inyección no sustituye el diagnóstico de una causa dental, neurológica, ortopédica o de un órgano interno.
Ferdinand Huneke describió en el siglo XX el denominado «fenómeno en segundos», es decir, un alivio rápido tras infiltrar una zona sospechosa. Hoy este hallazgo se interpreta con cautela: el efecto inmediato de un anestésico local no demuestra por sí solo una relación causal a distancia.
La evidencia sobre la terapia neural es heterogénea y depende de la indicación y de la técnica utilizada. Antes del tratamiento explicamos las alternativas, las expectativas realistas y los posibles riesgos, entre ellos hematoma, infección, reacción alérgica y, muy raramente, toxicidad sistémica del anestésico local.
Los síntomas de alarma, como dolor torácico, déficit neurológico agudo, dificultad respiratoria o pérdida súbita de visión, requieren atención urgente y no deben tratarse inicialmente con terapia neural.
Dr. Peter Schleicher