Una presión arterial baja no es necesariamente una enfermedad. Muchas personas tienen valores bajos sin molestias. Adquiere importancia cuando provoca mareo, visión borrosa, debilidad, náuseas, palpitaciones, caídas o desmayos.
Si los síntomas aparecen al levantarse, se mide la presión después de reposar y de nuevo en posición de pie. Una caída sistólica de al menos 20 mmHg o diastólica de al menos 10 mmHg apoya el diagnóstico de hipotensión ortostática, siempre en relación con los síntomas y el contexto clínico.
Deshidratación, fiebre, pérdida de sangre, anemia, embarazo, medicamentos para la presión o diuréticos son causas frecuentes. También pueden intervenir alteraciones cardiacas, endocrinas o del sistema nervioso autónomo. Por eso es importante revisar el inicio de los síntomas, la medicación y las enfermedades previas.
Aumentar la sal no es adecuado para todo el mundo y debe consultarse, especialmente si existen hipertensión, insuficiencia cardiaca o enfermedad renal. El tratamiento farmacológico se reserva para casos seleccionados.
Un desmayo acompañado de dolor torácico, falta de aire, sangrado, palpitaciones persistentes, lesión importante o signos neurológicos requiere atención médica inmediata. En los demás casos, una evaluación ordenada permite identificar y tratar la causa.
10 de marzo de 2022