El abdomen hinchado, los eructos frecuentes, la sensación de plenitud, el dolor abdominal o el estreñimiento persistente pueden limitar mucho la vida diaria. Cuando las pruebas habituales no explican las molestias, algunas personas se preguntan si existe un sobrecrecimiento bacteriano del intestino delgado.
El SIBO (del inglés Small Intestinal Bacterial Overgrowth) describe una alteración de la cantidad o composición de microorganismos en el intestino delgado. En este artículo explicamos cómo se estudia, qué otras causas deben considerarse y por qué el tratamiento debe ser individualizado.
Normalmente, en el intestino delgado viven muchos menos microorganismos que en el colon. Si aumenta la fermentación de hidratos de carbono en esa zona, pueden producirse gases y aparecer distensión, presión, plenitud o dolor. Según el caso, en el aire espirado se miden sobre todo hidrógeno o metano. Los valores elevados de metano suelen describirse actualmente como sobrecrecimiento de metanógenos intestinales (IMO) y pueden asociarse a un tránsito lento y estreñimiento.
Estos síntomas no son específicos del SIBO. También pueden deberse a intolerancias, síndrome de intestino irritable, enfermedad celíaca, alteraciones del tránsito, medicamentos u otras enfermedades digestivas. Por ello, los síntomas por sí solos no confirman el diagnóstico.
En la prueba de aliento se administra una solución de lactulosa y se analizan muestras de aire espirado a intervalos definidos. El resultado debe interpretarse junto con el tiempo de aparición de los gases, los síntomas y el contexto clínico. La prueba tiene limitaciones y no existe un único resultado que sustituya a la valoración médica.
El objetivo no es solo reducir temporalmente la hinchazón. Dependiendo de los hallazgos, puede ser necesario revisar el tránsito intestinal, intervenciones abdominales previas, alteraciones anatómicas, enfermedades asociadas, alimentación y medicación. Las dietas muy restrictivas no deben mantenerse sin una indicación clara y supervisión profesional.
Los antibióticos u otras medidas se valoran caso por caso. La elección, la duración y el seguimiento dependen del diagnóstico y de los riesgos individuales; no se recomienda automedicarse ni prometer una curación permanente. Si los síntomas persisten o reaparecen, hay que revisar el diagnóstico y las posibles causas.
En la consulta de la Dra. Anna Müller en Múnich revisamos los síntomas, los informes disponibles y la medicación. La valoración puede incluir una prueba de aliento cuando está indicada y un plan realista de seguimiento. Las señales de alarma, como pérdida de peso involuntaria, sangrado, anemia, fiebre o dolor intenso, requieren una evaluación médica prioritaria.