Las prisas, una carga de trabajo excesiva o los conflictos continuos pueden mantener al organismo en un estado de alerta permanente. El estrés no afecta únicamente al estado de ánimo: también modifica el sueño, la tensión muscular, la digestión y la capacidad de recuperación.
Ante una amenaza, el sistema nervioso autónomo y el eje hormonal del estrés liberan sustancias como la adrenalina y el cortisol. Esta respuesta es útil a corto plazo. Cuando se prolonga durante semanas o meses, puede alterar el descanso, la presión arterial, el metabolismo y la regulación inmunitaria.
La investigación muestra asociaciones entre el estrés crónico y una mayor vulnerabilidad a diversos problemas de salud. Esto no significa que el estrés sea la única causa: influyen también factores biológicos, sociales y ambientales.
Irritabilidad, insomnio, dificultades de concentración, tensión constante, molestias físicas o pérdida de interés pueden indicar que los recursos de adaptación están agotándose. Reconocer estas señales facilita pedir ayuda a tiempo.
En el libro El código inmunológico, publicado en 2021, la Dra. Schleicher-Brückl explica de forma divulgativa la interacción entre el sistema inmunitario, el estilo de vida y el bienestar emocional.
10 de marzo de 2021