Una alergia es una respuesta inmunitaria exagerada frente a una sustancia normalmente inocua. El tratamiento depende del alérgeno, el órgano afectado, la intensidad de los síntomas y las necesidades de cada persona.
El primer paso consiste en revisar la historia clínica y realizar las pruebas indicadas. Conocer el desencadenante permite evitar tratamientos innecesarios y diseñar un plan específico.
Evitar el alérgeno puede disminuir de forma notable las molestias, aunque no siempre es posible eliminarlo por completo. Las medidas concretas varían según se trate de polen, ácaros, animales, alimentos, sustancias de contacto o venenos de insectos.
Según el cuadro clínico pueden emplearse antihistamínicos, colirios, aerosoles nasales, tratamientos cutáneos o medicación inhalada. El profesional sanitario debe indicar el preparado, la dosis y la duración adecuados.
En determinadas alergias respiratorias y al veneno de insectos puede plantearse una hiposensibilización. El tratamiento administra dosis controladas del alérgeno para modificar gradualmente la respuesta inmunitaria. Requiere una indicación clara, seguimiento especializado y constancia durante el periodo prescrito.
Las personas con riesgo de reacciones graves deben disponer de un plan individual y saber utilizar la medicación de urgencia prescrita. Si aparecen dificultad respiratoria, hinchazón de la lengua o la garganta, mareo intenso o pérdida de conocimiento, hay que llamar de inmediato al 112.
En nuestra consulta de alergología estudiamos cada caso de forma individual y explicamos con claridad las ventajas, limitaciones y posibles riesgos de cada opción terapéutica.
13 de mayo de 2020